Antes, retirarse era un sueño esperado, el momento de poder disfrutar de unas vacaciones interminables, en las que se recuperaba la energía de toda una vida de trabajo. Sin embargo, en la actualidad esta concepción ha cambiado, ya que la jubilación conlleva perder el rol de persona activa y funcional ante la sociedad, adquirir un carácter no productivo, lo que puede implicar una descalificación social, una disminución de ingresos y el tema se agrava si aparece un deterioro físico y/o psíquico. Todos estos aspectos pueden provocar que la persona sufra problemas emocionales y psicosomáticos.
Aunque cabe decir que hablando con algunos residentes de esta casa también hemos podido conocer otra vivencia de la jubilación, más relacionada con la pérdida de la salud propia y la de la pareja, y con la soledad. Como decía uno de ellos "las necesidades hacen pensar cosas", y ellos decidieron el ingreso en una residencia, donde muchas de las consecuencias de la jubilación se pueden paliar: saben que no están solos, que están atendidos físicamente y psicológicamente si lo necesitan, y que pueden llegar a ser activos y hacer cosas interesantísimas hasta el último día de sus vidas. Todo esto es lo que se debe promover en las personas que han llegado a la edad de jubilarse laborablemente. El secreto está en no aislarse (en la unión está la fuerza, dicen), mantenerse activo socialmente y físicamente, si se puede, y disfrutar de todo el tiempo que tengamos. A muchos les costó adaptarse y claro, nada es como en casa, pero nadie se ha arrepentido de su decisión.
Es importante sensibilizar a la sociedad en el hecho de que las personas que se jubilan lo hace laborablemente, no socialmente, y que no hay ningún momento en nuestra vida en el que dejemos de hacer cosas, de querer, y mucho menos de interactuar con aquellos que nos rodean, en definitiva, de vivir.






Residencia Nazaret