De hecho, a menudo acostumbramos a comentar que "la primavera la sangre altera", y lo hace en todos los sentidos que pueda tener esta expresión, positivos y negativos.
La primavera es una época en la que se produce un cambio climático y una inestabilidad del buen tiempo en general; nuestro cuerpo lo nota y se producen ciertos cambios: tienden a aumentar los niveles de colesterol y de azúcar, y la acidez de la sangre; se produce también un aumento de secreción hormonal. El cuerpo, por lo tanto, debe adaptarse a un nuevo clima y hasta que esto pasa se pueden producir situaciones de cansancio (la famosa astenia primaveral), somnolencia, bajadas de tensión, apatía, pérdida de hambre... Estos cambios pueden ser experimentales con más o menos intensidad, dependiendo de cada persona, aunque se puede decir que estos síntomas están dentro de la normalidad; no son nada más que una adaptación de nuestro organismo a los cambios que se producen en nuestro entorno.
Por lo tanto, todo el mundo estaría de acuerdo con el hecho de que las estaciones de transición (primavera y otoño, pero sobretodo la primavera) nos afectan de algún modo, sin embargo muchos profesionales no están de acuerdo en hablar de depresiones o trastornos psiquiátricos primaverales.
Según Vicente Serrano, un psiquiatra de La Rioja, las "depresiones primaverales" son un mito, pero a menudo se utiliza esta expresión para culpar a esta estación de la depresión y olvidar otros problemas y estresantes psicosociales que están presentes y que no tienen nada que ver con las estaciones.
Hay que estar muy alerta, ya que una depresión o un trastorno psiquiátrico no puede ser diagnosticado por alguien que nos ve por la calle y nos encuentra un poco bajos de ánimo, sino que lo tiene que hacer un especialista, ya que estos trastornos son algo más que una "caída del ánimo". Aún así, hay que reconocer que el cambio de luz nos afecta, y que en personas con trastornos psiquiátricos ya instaurados el patrón estacional influye entre un 10% y un 20%.
Por lo tanto, la primavera en si no provoca ningún trastorno, sino que tiene alguna influencia en personas más sensibles a los cambios, y nuestro cuerpo reacciona poniéndonos en alerta sobre la gran importancia que tiene el hecho de cuidarnos, tanto el cuerpo como la mente.







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